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jueves, 21 de marzo de 2013
Recursos escasos para un África hambrienta
El contenido de esta página puede dañar su sensibilidad
En África hay demasiada gente para tan poca comida
Thomas Malthus, reconocido economista inglés nacido en 1766, escribió en su “Primer ensayo sobre población” :
“Considerando aceptados mis postulados, afirmo que la capacidad de crecimiento de la población es infinitamente mayor que la capacidad de la tierra para producir alimentos para el hombre.
La Población, si no encuentra obstáculos, aumenta en progresión geométrica. Los alimentos tan sólo aumentan en progresión aritmética. Basta con poseer las más elementales nociones de números para poder apreciar la inmensa diferencia a favor de la primera de estas dos fuerzas.
No veo manera por la que el hombre pueda eludir el peso de esta ley, que abarca y penetra toda la naturaleza animada. Ninguna pretendida igualdad, ninguna reglamentación agraria, por radical que sea, podrá eliminar, durante un siglo siquiera, la presión de esta ley, que aparece, pues, como decididamente opuesta a la posible existencia de una sociedad cuyos miembros puedan todos tener una vida de reposo, felicidad y relativa holganza y no sientan ansiedad ante la dificultad de proveerse de los medios de subsistencia que necesitan ellos y sus familias.”
Esta teoría de Malthus es a todas luces hoy por hoy muy controvertida. Quizá el paso del tiempo la haya dejado un tanto añeja, bajo una visión mundial pero en lo que al caso de África se refiere, se le pueden atribuir a estos argumentosbastante credibilidad.
El problema fundamental de África es el incremento de la población a cotaseconómicas para ellos, insostenibles. Durante el siglo XX la población en los países desarrollados se ha multiplicado por 2,3 mientras que la del Tercer Mundo lo ha hecho por 4,5. La tasa de crecimiento en el Tercer Mundo en los últimos 50 años del siglo XX ha triplicado la tasa de los países desarrollados y en el caso concreto de África a las tasas actuales duplicará su población cada 23 años.¡Suficiente! Es muy probable que usted ya se haya dado una idea de por donde va el asunto. El problema son las persponas: no estduian y por eso son pobres, por qué se meten a tener tantos hijos, los alimentos son escasos y por eso son caros...
Pero hay otra manera de enfocar el problema, de manera objetiva y multilateral:
África traicionada
Los dirigentes de los países de África, incluso cuando han sido elegidos, en primer lugar son "protegidos" de las multinacionales y las finanzas mundiales. Así, esos países están dirigidos por personas que se alían con grandes potencias, redes mafiosas o grandes empresas estratégicas. La Francáfrica, analizada minuciosamente por François-Xavier Verschave y la asociación Survie , tiene buenos discípulos que se eternizan en el poder y sirven los intereses de quienes les permitieron acceder a tan altos puestos: Blaise Compaoré en Burkina Faso (verdugo de Thomas Sankara), Paul Biya en Camerún, Denis Sassou Nguesso en el Congo (verdugo de Marien Ngouabi), Eyadema Gnassingbé en Togo (verdugo de Sylvanus Olympio), Omar Bongo en Gabón, Idriss Déby en Chad o Zine el-Abidine Ben Ali en Túnez.
Esta red de intereses inconfesables se refuerza con algunos recién llegados, por ejemplo François Bozizé en la República Centroafricana, Joseph Kabila en la República Democrática del Congo o Mohammed VI en Marruecos. Otros dirigentes están controlados por EEUU, como Paul Kagamé en Ruanda, Yoweri Museveni en Uganda, Olusegun Obasanjo en Nigeria o Marc Ravalomanana en Madagascar. A veces saben aparentar hábitos democráticos, pero las elecciones regulares y el multipartidismo pueden ser, perfectamente, una simple coartada.
Siempre son los intereses económicos los que arrastran a Abdoulaye Wade en Senegal, Amadou Toumani Touré en Malí, Mamadou Tandja en Níger, John Kufuor en Ghana o Thabo Mbeki en Sudáfrica. Algunos de ellos, como Mwai Kibaki en Kenia o Levy Mwanawasa en Zambia, consiguen suscitar durante algún tiempo la esperanza de un nuevo estilo. Sólo algunas voces discordantes, que no son habituales ni mucho menos, se oyen realmente, como la de Robert Mugabe en Zimbabue, marginado por la comunidad internacional por haber avalado la expropiación forzosa de grandes propiedades agrícolas de los blancos.
Generalmente, muchos de estos poderosos declaran que aman a África, que la apoyan, que la ayudan; está de moda. Pero no debemos fiarnos porque, en el fondo, todos traicionan a los pueblos africanos: las grandes potencias del norte, que siempre imponen medidas que sirven a sus propios intereses geopolíticos y comerciales; las clases dirigentes africanas que siempre optan por pisotear el desarrollo de las poblaciones para aumentar su propio poder y acatar la voluntad de sus protectores. Económica, comercial, medioambiental, humana… detallamos esa traición en sus múltiples aspectos.
Las mentiras del discurso oficial
El ciudadano poco curioso que sólo tiene acceso a las informaciones superficiales de los medios de comunicación, controlados por poderosos grupos de prensa, está convencido de que la salud económica de los países del sur está mejorando. Si creemos al Banco Mundial, la pobreza disminuye a toda velocidad. Si creemos a los gobiernos de los países industrializados, la generosidad inunda el mundo y la ayuda que se entrega a los países pobres es considerable y beneficiosa. Si creemos al FMI, el crecimiento mundial es ilimitado y los países del sur van a exportar cada vez más productos tropicales a precios cada vez más interesantes. ¡Mentiras! Bajo esa parte emergente y sesgada, el iceberg de la deuda y la pobreza permanece de forma masiva. La traición mediática está perfectamente resumida en un artículo de Michael Holman en el muy liberal Financial Times:
«El egoísmo y la complacencia de los gobiernos occidentales, los donantes de ayuda y las almas caritativas, esconden al mismo tiempo la gravedad de la crisis y la ineficacia de las políticas que se llevan a cabo para detener el hundimiento del continente [...] ¿Qué crédito se puede conceder a los números que presenta el Banco Mundial sobre Malí, Malawi o Mozambique, ya se trate del número de aparatos de radio por 1.000 habitantes o de la tasa de alfabetización? A menudo se basan en viejas extrapolaciones que datan ¡de hace varios decenios!. La situación de África, estoy convencido, se sigue deteriorando, aunque las condiciones en las que trabajan los periodistas, diplomáticos y donantes, sin duda han mejorado. Los aviones son más confortables, los ordenadores y teléfonos móviles facilitan las comunicaciones, los 4x4 son más seguros y los hoteles atienden mejor nuestras necesidades. Pero estas mayores comodidades son, exactamente, un engaño. Si observamos a África desde este caparazón, efectivamente, podemos tener la impresión de que las cosas van mejor»
Los gobernantes de esta África sometida y mutilada no hacen más que ejecutar las órdenes del capital internacional. Implícitamente están encargados de marcar el paso a sus pueblos para encajarlos en la globalización neoliberal que reina sin rival en el mundo desde la caída del muro de Berlín, a principios de los 90. Los presidentes elegidos democráticamente no escapan de la norma. En Malí, por ejemplo, donde la elección de Alpha Omar Konaré en 1992 y después la de Amadou Toumani Touré en 2002, se ponen como ejemplo en todo el continente, la declaración de la ex ministra de Cultura de Konaré, Aminata Traoré, no deja lugar a dudas: «Si el derecho de vigilancia y control que los miembros de las sociedades civiles africanas pretenden ejercer sobre sus dirigentes se impugna, en primer lugar, por las dos poderosas instituciones de Bretton Woods, la corrosión, en el ámbito local, se deja en manos de los gobernantes»
Recompensar la corrosión
La corrupción es la recompensa de esa corrosión. Los poderosos consienten las malversaciones con ese fin. Incluso las alientan, puesto que las multinacionales establecidas en el norte han podido beneficiarse de deducciones fiscales por las sumas repartidas bajo cuerda a los responsables extranjeros . La «Convención para la lucha contra la corrupción de funcionarios públicos extranjeros en las transacciones comerciales internacionales» sólo existe desde noviembre de 1997, y no entró en vigor en Francia hasta septiembre de 2000 . No cabe duda de que el mismo método, que se ha vuelto más discreto, todavía funciona y sigue alimentando las campañas electorales del norte y las cuentas secretas de los paraísos fiscales.
¿Qué presidente de cualquier país industrializado ignoraba que Mobutu era un dictador corrupto? ¿Cómo se puede imaginar que el presidente del Banco Mundial o el director general del FMI ignoran que los pueblos africanos no se benefician en absoluto de las riquezas de sus países? ¿Por qué la gran mayoría de los dirigentes africanos perpetúan el sistema actual? ¿La corrupción es el factor determinante? ¿Por qué no se niegan a reembolsar la deuda externa? ¿Cómo puede aceptar un jefe de Estado digno de este nombre sacrificar hasta este punto el desarrollo humano de su país si no es, precisamente, porque consigue un beneficio?
Si lo analizamos, es obvio que la corrupción es el sistema. La deuda, la pobreza y la corrupción están imbricadas. La corrupción no sólo es un crimen cometido por unas pocas ovejas descarriadas de las que bastaría con librarse. Es inherente al sistema tal como se ha establecido, que conduce de forma natural a la acumulación de capitales por las clases dirigentes de los países del sur y su posterior evaporación en dirección al norte gracias a la ingeniería de los expertos financieros y los bancos privados. El dinero de la deuda es uno de los principales motores de esta burbuja financiera, discreta pero efectiva. Los dirigentes africanos reembolsan la deuda porque tienen un interés personal en que su país siga pagando. La corrupción es el aceite que engrasa el mecanismo actual de dominación para que no se detenga. El resultado es la pobreza.
El argumento según el cual la anulación de la deuda necesariamente beneficiaría a los dictadores y corruptos existentes sólo sirve para protegerlos: la anulación, junto con medidas drásticas de redistribución de la riqueza, permitiría financiar el desarrollo sin recurrir al endeudamiento y, bajo el estricto control de las poblaciones locales, sus organizaciones y sus parlamentos, permitiría, por fin, luchar contra la corrupción eliminando su motor principal. Y cortando la hemorragia de capitales se lucharía mucho más eficazmente contra la pobreza que instituyendo los programas de ayudas que sólo son parches, puesto que no cuestionan los mecanismos que generan la pobreza.
Corrupción, la ventaja comparativa de Nigeria…
Algunas cifras y algunos ejemplos permiten entender mejor el fenómeno. Según la ONG Transparency International, en un informe publicado en julio de 2003, «sólo en el continente africano, la magnitud de la corrupción supone una sangría de 148.000 millones de dólares al año sobre el conjunto de la economía» Así, un tercio de la renta media de los kenianos pasa por los gastos vinculados a la corrupción.
El caso de Nigeria es emblemático. Primer productor africano de petróleo, ha estado gobernado entre 1993 y 1998 por un dictador llamado Sani Abacha. Mientras estuvo en el poder, Abacha exigía, especialmente para las concesiones públicas, las comisiones establecidas en las cuentas de negociantes cómplices a quienes reclamaba, a continuación, pagos o compras en su favor. Poco a poco se hizo la luz. La sociedad alemana Ferrostaal es sospechosa de haber participado en el sistema organizado por Abacha, igual que la francesa Dumez, convertida en filial de la multinacional Vinci, que habría pagado alrededor de 8 millones de dólares. La multinacional estadounidense Halliburton, antiguamente dirigida por Dick Cheney (vicepresiente de George W. Bush) e involucrada en la reconstrucción de Iraq en 2004, también es sospechosa de sobornos a favor de Abacha. El importe de las malversaciones de Abacha durante su paso por el poder se estima en 5.000 millones de dólares. Tras su muerte, en 1998, se llevaron a cabo investigaciones a petición de las autoridades nigerianas. En septiembre de 2000 las autoridades suizas, milagrosamente, localizaron alrededor de 700 millones de dólares pertenecientes a Abacha, que aceptaron devolver a Nigeria en varias entregas. Al mismo tiempo reconocieron «actuaciones defectuosas» en 12 bancos, entre ellos el Crédit suisse y el Crédit Agricole Indosuez . Las autoridades británicas, que reconocieron que sus bancos albergan por lo menos 1.300 millones de dólares, de momento se niegan a devolver el dinero a su legítimo dueño: el pueblo nigeriano. Las sumas efectivas devueltas hasta el momento por el Reino Unido, son irrisorias.
Según la Comisión nigeriana de lucha contra los delitos económicos y financieros, el dinero público desviado de Nigeria (incluidas las comisiones) y colocado en el extranjero, se estima en 170.000 millones de dólares . Pero no debemos pensar que es una prerrogativa de la época de Abacha. Por ejemplo, la justicia nigeriana sospecha que la multinacional francesa Sagem pagó casi un millón de dólares a siete altos funcionarios nigerianos en 2001 para conseguir la contrata de los documentos de identidad no falsificables, evaluada en 214 millones de dólares.
En otros lugares los ejemplos no son muy diferentes… En el pequeño Estado de Suazilandia, donde la situación alimentaria es muy insegura, el rey Mswati III ha derrochado 1.200.000 euros en la celebración de su aniversario; adquirió el coche más caro del mundo, fabricado por DaimlerChrysler y vendido por 500.000 dólares sin contar los accesorios, y regaló un BMW a diez de sus esposas. Sólo este gasto equivale al salario diario del conjunto de la población activa . De Frederick Chiluba, ex sindicalista y ex presiente de Zambia perseguido por la justicia de su país por malversaciones, a Teodoro Nguema Obiang, hijo del presidente de Guinea Ecuatorial y ministro de Estado encargado de las infraestructuras y los bosques, que se ha comprado el primer Rolls Royce del país, los que están cerca del poder no dudan en aprovechar su situación para acaparar las riquezas de sus países.
Les aconsejo que sigan este blog: sutebarranca.blogspot.com
Información obtenida de este blog de el que soy miembro
http://sutebarranca.blogspot.com.es/2009/12/africa-y-la-raiz-del-hambre.html
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