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domingo, 12 de mayo de 2013

Carta de el Papa Francisco a un supuesto infiel






EL PORTERO DE LOS JESUITAS, ESTUPEFACTO




"Soy el Papa Francisco, quisiera hablar con el Padre General. No, de verdad, soy el Papa"
El Papa llamó este viernes a la Compañía de Jesús para agradecerles una carta enviada. La sorpresa y los nervios se desataron.
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Pensó que era una broma. El joven portero de la casa general de la Compañía de Jesús en Roma nunca esperó recibir una llamada telefónica delPapa Francisco, quien con paciencia y cariño tuvo que convencerle de su identidad para poder hablar con el superior general de los Jesuitas y agradecerle la carta que éste le había enviado la víspera.

El hecho ocurrió a las 10:15 a.m. (hora de Roma) de este viernes y según el relato del Padre jesuitaClaudio Barriga, que ha enviado por correo electrónico a las comunidades y amigos de los Jesuitas en todo el mundo, en la casa de Roma se vivieron momentos intensos con la inesperada llamada, según recoge la agencia Aciprensa.

"El portero respondió al teléfono. Le dicen que tiene una llamada desde Santa Marta, y escucha una voz suave y serena: Buon Giorno, sono il Papa Francesco, vorrei parlare con il Padre Generale. (Buenos días, soy el Papa Francisco, quisiera hablar con el Padre General)".

"El portero casi le responde: ´Y yo soy Napoleón´, pero se contuvo. Le respondió secamente: '¿De parte de quién?' El Papa entendió que el joven portero italiano no le estaba creyendo y le repite dulcemente: "No, de verdad, soy el Papa Francisco, ¿y usted cómo se llama?"

"Desde la elección del Papa el teléfono de nuestra casa suena cada dos minutos y muchos llaman, incluso gente desequilibrada", señala el Padre Barriga. "A esa altura el portero responde con voz titubeante, dándose cuenta de su error y casi desvaneciéndose: ‘Me llamo Andrés’. El Papa le contesta: ‘¿cómo estás, Andrés?’ Respuesta: ‘Yo bien, disculpe, sólo un poco confundido’. El Papa le dice: ‘No te preocupes, por favor comunícame con el Padre General, quisiera agradecerle por la hermosa carta que me ha escrito’. El portero: ‘Disculpe, Su Santidad, lo voy a comunicar. El Papa: No, no hay problema; yo espero lo que sea necesario’".

El joven portero, Andrés, entregó el teléfono al hermano Afonso, secretario privado del Padre Adolfo Nicolás y ocurrió la siguiente conversación:

-Afonso: "¿Aló?"

-Papa Francisco: "¿Con quién hablo?"

-Afonso: "Soy Afonso, secretario personal del Padre General".

-Papa Francisco: "Soy el Papa, quisiera saludar al Padre General, para agradecerle la bonita carta que me envió".

-Afonso:: "Sí, un momento".

Tras este diálogo en italiano, Afonso se dirige "incrédulo hacia la oficina del Padre General, al lado de la suya, mientras sigue la conversación. Le dice: ‘¡Santo Padre, felicidades por su elección, aquí estamos todos contentos por su nombramiento, estamos rezando mucho por usted!’"

"¿Rezando para que yo vaya para adelante o para atrás?", bromea el Papa. "Naturalmente para adelante", le responde Afonso mientas caminaba. El Papa responde con una risa espontánea.

"Aturdido por la impresión, el hermano ni siquiera llamó a la puerta de la oficina del Padre General y se dirigió hasta donde estaba él, quien lo miró sorprendido. Afonso extendió la mano con el teléfono y le dijo al Padre General, mirándole a los ojos: 'El Papa'".

"Lo que siguió después no lo sabemos en detalle, pero el Papa agradeció muy cordialmente al Padre General por su carta. El General le dijo que le gustaría verlo para saludarlo. El Papa le respondió que va a dar instrucciones a su secretario para que eso pueda ser lo más pronto posible, y que del Vaticano le irían a avisar", concluyó el Padre Barriga.

Información AQUÍ

jueves, 2 de mayo de 2013

Misterios de Senegal: Enamorarse de África.

Misterios del continente negro

¿Por qué nos enamora África? No sólo por sus paisajes y su fauna, sino también por sus curiosidades, esos rasgos inmateriales que seducen tanto al viajero y que hacen único al continente. Desde la luz al concepto del tiempo.




La sabana adormecida y monótona, la selva tropical, las áridas tierras desérticas, las laderas heladas de los montes, las playas de arena blanca remojadas por dos océanos. Sí, África son todos estos paisajes, algunos de ellos aderezados con la fauna más apabullante del mundo.

Pero África son también sus misterios, esos rasgos etéreos, casi mágicos, que enriquecen su naturaleza y que tejen la esencia africana. Presentamos cinco peculiaridades comunes que se esparcen por su geografía... y que son poderosos motivos para amar al continente negro.
La magia de la luz

Dicen los expertos que irradia de forma diferente, como en ningún otro lugar del planeta. La luz africana es la delicia de los fotógrafos, con sus tintes cobres y sus tonos casi siempre cálidos. Hay un dicho que reza que uno no ha visto un verdadero atardecer si no lo ha hecho desde este continente. Incluso en los días de lluvia, la atmósfera se vuelve azulada y metálica. La luz de África enamora porque tiene una fuerza única y porque regala escenas inolvidables. Nada sacude tanto a la retina como un elefante a contraluz en la inmensidad de la sabana, o como el cielo anaranjado y rabioso sobre las dunas de Namibia.
La lentitud del tiempo

«Ustedes tienen los relojes, nosotros tenemos el tiempo». Así acostumbran muchos africanos a retar al viajero occidental. Porque en este continente, es fácil comprobarlo, el tiempo corre más lento. A orillas del río Zambeze o en el desierto de Kalahari. En el lago Tanganica o en la playa Kololi de Gambia. Al menos, existe otro concepto, otra percepción del ritmo de los días. Muchos pueblos consideran que el tiempo es un don especial, de modo que no hay necesidad de moverse en la vida con urgencia. Pocas cosas corren tanta prisa como para dejar de sentarse a charlar un rato con los allegados, o a contemplar el paisaje, o simplemente a pensar mientras se estiran las horas.
La fuerza del grupo

Gracias a la tradición tribal, el individualismo apenas tiene cabida en la identidad africana. Por eso sorprende tanto su capacidad de reunión, su voluntad de vida común, sus vínculos inquebrantables con todo un clan familiar que a veces resulta infinito debido a la poligamia. A los africanos se les contempla casi siempre en grupo y este rasgo lo hacen extensivo a todo el que venga de fuera: a menudo el visitante será invitado a participar en una conversación o en una danza tradicional o en un espontáneo partido de fútbol.
La vida en la calle

Desde las comunidades costeras a los pueblos de las tierras altas, desde el centro de las grandes capitales hasta los suburbios de chabolas, la vida en África suele transcurrir en las calles. El bullicio, el ruido, el polvo y el ambiente abigarrado son características básicas, especialmente en la hora punta de cualquier población, que se convierte siempre en espectáculo. Estas escenas cotidianas repletas de color y movimiento forman también parte de su esencia.
Las locas paradojas

África, ya se sabe, libra desde tiempo inmemorial un forcejeo con la pobreza. Y su proceso de modernización es precario y renqueante. Esto supone una eterna batalla entre tradición y progreso que da lugar, muchas veces, a escenas divertidas y chocantes que son únicas en el mundo. No es raro encontrarse a un nómada samburu del desierto con un reloj digital o a un wolof de Senegal con una gorra jamaicana.





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